A ti que me escuchas.
Me gustaría hablarte y replicarte todas las veces que has cometido erratas.
Te contaría cada segundo que mal he sentido el alma,
que mal he sentado el corazón.
Me gustaría exponer la parte de mi vida que está seca
y ponerla a remojo
en todas las lágrimas que han caído sobre mis miedos
y en el oceáno que he navegado incluso en sueños.
A ti, que me lees
te diré que cualquier poro de mi piel supura cadenas
que atan lo que siento a lo que debo
que ríen complacidas por mi no capacidad de sonreír al viento
y lloran cuando supero la ansiedad.
A ti, que me escucha
alguna canción tiene mi nombre,
pesada, bonita, rara, antigua, llorona, juguetona.
Algún furor tiene mi sosiego.
Tú lo ves al otro lado
aunque a través del espejo.
A ti, que creo que me lees
sonreiré a todo lo que venga,
aunque no lo intente,
aunque crea que es edificio en llamas,
aunque crezca con la velocidad de un rayo en tormenta,
aunque sueñe despierta.
A ti, que ni me esuchas ni me lees.
Te contaré
algún día dentro de algunos años
que soñé despierta y me fue bien
que reí sin miedo y me fue bien
que grité sin furia y me fue bien
que amé sin distracciones y me fue bien
que quise sin condiciones y me fue bien
que toqué el piano
y bailé
y me fue bien.

No hay comentarios:
Publicar un comentario