lunes, 6 de julio de 2015

Era un torbellino cuando la conocí...

Era un torbellino de estos que llegan y de repente se van.
Como el sol que calienta y en invierno no está.
Indonesia es especial gracias a ti. Ahora que estás lejos, en otra parte del mundo, tengo que decirte que ese país es único... pero gracias a ti. Me siento especial, lejos y cerca, pensada, amada.

Ese país está lleno de sol, de buenas noticias, de momentos irrepetibles, de sal, de terrazas, de música a la orilla del mar en un atardecer, de besos entre un millón de personas, de sentimientos que sólo se cruzan una vez, de miradas que hablan en verso, de sandalias pisando sobre felicidad, de amores que saben vivir de verdad, de sinceridad, de manos cruzadas atravesando el puerto...

Te tengo en la boca, relamiéndome.

Estoy en la cama tirada con un calor insoportable, con la luz blanca del portátil sobre mi cara sacando a relucir el sudor de la frente. Me acuerdo de todo y las teclas se accionan solas.


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¿Os habéis enterado de que Varoufakis ha dimitido?
¿Y de que hay ola de calor en España?
¿Y que el verano tiene tanto color y calor que suele ser la estación más esperada del año?
¿Sabéis que ha empezado San Fermín?
¿Y que este mes tiene 31 días?
¿Sabéis algo de YouTube?
¿y que nunca debéis, NUNCA debéis relegaros y dejaros comer por nadie, a no ser que sea a besos?


Me reflejo en lo que el artista Manolo García dice:
Un día supe que buscar era lo que me mantenía despierto. Sin recompensa cierta, haciéndome preguntas al barrer mis espolones el polvo.

Belleza en una foto. 

Me quedo con la ventana abierta... que el calor es fuerte.

sábado, 4 de julio de 2015

Es inmensamente demencial cuando...

Me encanta cuando me suben el rojo de la cintura hasta el pecho.
Cuando el olor de una habitación deshabitada se convierte en un hogar.
Me encanta si alguien viene, se acerca y te hace sonreír sin intentarlo. Y aún mejor si lo intenta.
Es increíble cuando alguien te busca incluso detrás de las telarañas que son tus miedos, te rescata, te mantiene en el tiempo, y después te va soltando para que vuelvas a crecer fuera de ellas. SIEMPRE de la mano.

Cuando te peinan los rizos sobre el olor del champú que te caracteriza. Cuando te sientes al filo del cuchillo, te agarran la mano y te van sacando poco a poco evitando hacerte daño.
Cuando en medio de una tormenta mientras conduces, pasan la palma de la mano sobre tu cuello. Esa palma que dice "ánimo, estoy contigo"

Esos momentos que son únicos aunque se repiten cada día.
Cuando llegan a casa y lo primero que buscas un beso y te llega sin pedirlo.
Cuando combates contigo misma y hay alguien que te espera, te alienta, te hace quererte más.

Es inmensamente demencial cuando te despojan de todo lo que habías creído real, cuando en una ola enorme te agarran por el cuerpo, cuando una lágrima es comida por el mar, cuando el azúcar compartido es un "porque luego lo quemamos", cuando la comida es siempre a la mitad, cuando me buscas y me buscas y me buscas y después me esperas, cuando la enfermedad no es más que algo transitorio, cuando la soledad es necesaria sólo de vez en cuando, cuando un viaje sin estar es especial un año y medio más tarde.




Os dejo una fotito de hoy. Laredo, España.

viernes, 3 de julio de 2015

¿Llueve ahí?

Hace un calor de muerte y una tormenta nocturna de verano, con unos rayos que iluminan el cielo... mucho mejor que la pantalla de mi ordenador.

¿Por qué una ventana a todo lo que soy?
Porque es la ventana que me deja ser, exteriorizar y guardar todo lo que llevo a cabo que se emite de mi interior.
Es mi disco duro.

Hace un rato estaba en el salón de mi casa con mi madre. Me ha descubierto lo más bonito que el sentido de la vista me podía haber dado hoy: la luz de la luna. Podéis probar. Es la leche.

Gracias mamá. 

Me he imaginado en una casa de madera, con un ventanal enorme, y yo, mirando desde el sofá hacia el exterior, soñando con los ojos clavados en la Luna y en el movimiento de las hojas del árbol pasearse delante de ésta. Lo que nadie sabía era que lo que el árbol decía era que se avecinaba tormenta... Yo tampoco lo sabía. 

Los mosquitos no me dejan abrir la ventana, y el calor del flexo me provoca sudores. Se oye la lluvia contra el aluminio de la ventana... bendito sonido que llevo escuchando desde que tengo memoria. (Debo admitir que la lluvia, por norma general, hace que me sienta débil... pero todos necesitamos un poco de lluvia de vez en cuando)

Con el frío si que no puedo.

Eso sí, asfixiarse de calor tampoco está bien.


Me pongo cara. Claro que sí.



 Podéis asomaros tanto como queráis a mi ventana. Eso sí, no aguanto las cucarachas.
Me encantan las manos sobre el cristal.