Por convertir mis miedos en tormentas,
que terminan en amaneceres
llenos de dulce armonía
de un aroma que es difícil escapar.
Por hacer del tiempo una tortura cuando no estás
y cuando estás una sinfonía que cuadra conmigo
y con todos los poros de mi piel
y con cada una de las acciones de mi mente
y con todo lo que se resume en mi ser.
Por suponer que lo mejor está por venir,
porque probablemente sea así.
Por soñar contigo cada noche y cada atardecer
que la vida es un compás que hay que seguir
sin pensar en nada más que en vivir.
Dulce cariño el que cuando vivo y camino me das.
Cuando lloro me meces
en todos tus recuerdos
y en cada una de las fieles siluetas que nos definen
porque la amistad eres tú y soy yo,
la parte de mi camino
que huele a rosas rojas y blancas
y a tímido sentido.
El nombre de las plantas que me explicas
cuando caminamos junto al río
que en realidad no es río,
sino camino.
Cada susurro de las cosas que no dices
que no hace falta que me expliques
que intuyo que son nuestras
y por eso soy feliz,
porque a tu lado me doy cuenta
de que nadie puede comprender
lo que siento cuando sueñas.
La ubicación de nuestras palabras
que sólo entiendo cuando regreso
al mismo sitio dónde nos conocimos
y ahí comprendo que volar
es lo mismo que vivir
cuando lo haces en manos de alguien que te conoce libre
y te quiere extensa.
Trémulas nuestras voces
cuando suplican un latido
que es difícil contener
pero fácil desprender.
El lamento de un niño que pierde la pelota
y nosotros el sentido,
pero no nos lamentamos, vivimos.
A mi amor, que tiene un nombre,
H.
A.MG