Agradecerte que soples mis sueños como si fueran los tuyos los que se piensan entre ellos,
agradecerte que no pidas que agradezca nada, cuando sin saberlo lo das todo.
Soñar tan alto que los demás casi no comprendan por qué lo callas,
soñar tan fuerte que nadie sepa lo que saltan y juegan,
soñar de manera tran tremendista que cuando llores solo tú entiendas cada gota.
Soñar acompañada. En realidad, soñar sola.
Soñar sola con alguien que sin decirlo te empuja cada mañana como cuando no quieres salir de la cama y el lunes te agita la mente y cohibe al alma.
Sentir las rodillas encasquilladas,
los nudillos cansados. La música dulce. El amor sensible. La vida pasajera. La maleta compañera, extranjera de todos los lugares del mundo.
Viajar con el alma acompañada. En realidad, viajar sola.
Viajar sola con el pasaporte encima, con las esperanzas de la mano y con la tristeza de mochila. Viajar con tantas ganas que te empujen hacia el más absoluto abismo y lo añores.
Flaquear en la vida. Porque flaquear está a la orden de cada día.
Enfermar. Enfermar entre paredes estériles y blancas. Enfermar la mente, enfermar el alma.
Sentirse perdido en cada rincón de tu hogar.
Enfermar acompañada. En realidad, enfermar sola.
Pero enfermar con pisadas fuertes y amables al otro lado, enfermar con la certeza de que la enfermedad la lloras tú, la temes tú, la insultas tú, pero la sufren igual que tú y la insultan y la temen mucho más que tú organismo y todas tus arterias.
Escribir sin saber qué decir, sin saber qué lapiz coger, sin saber qué números escoger, sin saber de qué color pintará este o aquel, sin saber el destino de nadie ni el mío,
sin saber si soñar está bien o está muy bien,
sin saber si algún día caeré en un fondo
o respiraré bien hondo,
sin saber cómo ponerme el pijama esta noche
ni si mañana cenaré sopa o pollo,
o si me dirán "vete para no volver"
o seré yo quién afirme cosas que hoy no pienso.
Escribir.
Escribir sola. Escribir sola pensando en ti.
Escribir con mi mente puesta en otra ciudad al oeste de mi mundo.
H.
An.Mg